PlayStation, Xbox

Wall-E, versión Ps3 y Xbox 360

Por Octavio Ortega, en 30 de Julio de 2008

Avanzamos 700 años en el futuro, la era en que el planeta Tierra se encuentra abandonado por toda forma de vida. Los humanos la dejaron para encontrar asilo en una nave espacial, obligados y forzados a abandonar un mundo que se ha convertido en un cubo de basura que orbita en torno al sol. A primera vista, el paisaje solo muestra basura, la atmósfera contaminada poco a poco ha terminado por extinguir la vida en el planeta. Con todo, la Tierra alberga aún un sólo y único superviviente, una criatura extraña llamada WALL-E, fusión improbable entre E.T. y R2-D2, que en su trabajo diario intenta olvidar el peso de la soledad.

WALL-E es un robot compactador programado por los hombres para encargarse del mantenimiento de los residuos. Por lo tanto, posee la capacidad de almacenar las basuras en su vientre metálico para convertirlos instantáneamente en forma de cubo. Esta particularidad de sobra se explotada lo largo del juego, porque la progresión impone regularmente recurrir a tal o cual tipo de bloques para progresar. La naturaleza de estos cubos depende en efecto del distribuidor BnL utilizado para producirlos. Los más ligeros servirán por ejemplo para alcanzar mecanismos distantes, mientras que los más pesados harán de contrapeso. Los cubos de carga son recorridos por una corriente eléctrica que permite abastecer terminales inactivos, pero estalla cuando se lanzan. Bastante tarde en el juego, WALL-E puede también recurrir a cubos magnéticos que servirán de imanes que permiten rechazar obstáculos demasiado pesados que tendremos que mover.



A pesar de este sistema de cubos que debemos utilizar, la jugabilidad no requiere del uso del cerebro del jugador, casi siempre se ve claramente la resolución de los enigmas de antemano. Los distribuidores se colocan generalmente exactamente junto al lugar donde los cubos deben lanzarse, y WALL-E no puede en cualquier caso transportar a la vez más hasta tres bloques. Aunque bastante extensos aparentemente, los escenarios son de una linealidad que duele. Realmente, el único punto que puede plantear problemas al jugador reside en el carácter confuso de los objetivos. Basta que las misiones secundarias se intercalen mientras tanto para que no se sepa demasiado de lo que se debe hacer ni de dónde hay que ir, mucho más cuando no hay un mapa del juego con el que situarnos.

En línea recta, WALL-E es un videojuego que se deja jugar sin ser demasiado divertido. El abanico bastante limitado de posibilidades de juego es compensado con la diversidad de los niveles que nos piden distintos registros. Durante toda la primera parte del juego, los enemigos no existen, lo que permite familiarizarse tranquilamente con la gestión de los cubos y los movimientos de WALL-E. El robot se desliza rápidamente sobre el suelo pero su salto es muy limitado. Aunque la marcha se imponga simple y lineal, los conceptos de plataformas están omnipresentes a lo largo del juego. Contrariamente a las fases de acción que se intensifican a medida que nos acercamos al final de la aventura. Las unidades de seguridad y las torretas láser serán nuestros principales adversarios, durante algunas escenas de combate tendremos la ocasión de utilizar el pequeño cañón de EVE. Desgraciadamente las fases de acción son las menos convincentes del juego, y esto a pesar de los distintos tipos de objetivos que se nos ofrecen. La visión normal se aprovecha de una mirilla automática muy eficaz pero que pierde fácilmente de vista al enemigo cuando tratamos de esquivarlo. La cámara más cercana ofrece la posibilidad de movernos para evitar los disparos laterales sin ser vistos por nuestros enemigos, pero la ausencia de mirilla complica mucho las cosas. Ningunos de estos modos resultan convincentes, lo que nos obliga a cambiar de cámaras continuamente, menos mal que hay checkpoints en un montón de sitios del mapeado.

Igualmente importante que WALL-E, EVE no se limita a permanecer a nuestro lado para cubrirnos frente a todo lo que puede representar una amenaza para nosotros. Dispone también de sus propios niveles de juego que se desarrollan en el aire o sencillamente en el espacio, y que se vinculan aún más con las fases de disparo. Existen en realidad dos tipos de fases distintas según evolucionamos libremente en los escenarios mientras buscamos los elementos necesarios. Tal como ocurre con su compañero, EVA reconoce por otra parte sus limitaciones en las escenas de acción donde se circunscribe a esquivar los tiros como puede.

Sin llegar a ser terriblemente complicado, podemos ver el final de la aventura tras 6 u 8 horas de juego. Por supuesto, hay un montón de secretos por descubrir, pero es necesario tener muchas ganas de dar vueltas y vueltas a los distintos niveles. A pesar de la presencia de un modo multijugador y muchos cut-scenes inspirados en la película, WALL-E es un juego agradable y poco más. Mucho menos innovador de lo que se esperaba y sobre todo, menos indispensable que la película del verano.

Gráficos: 60/100
La realización es muy correcta para tratarse de una adaptación. La variedad de decorados es apreciable y las escenas en el espacio salen especialmente bien paradas.

Sonido: 75/100
El ambiente sonoro es bueno y aprovecha incluso las músicas de la película y las voces en castellano. En cambio, WALL-E no se expresa tanto como en el largometraje emitiendo toda clase de sonidos raros que lo hacen tan expresivo.

Jugabilidad: 60/100
Oscilando entre las fases de vuelo, plataformas y reflexión, la jugabilidad se renueva bastante bien cada poco tiempo pero no demuestra ninguna originalidad. La gestión de los cubos no es más que un pretexto para la colocación de enigmas evidentes, y las fases de acción distan mucho de ser convincentes.

Duración: 50/100

En línea recta, los nueve niveles del juego se terminan en seis u ocho horas. La búsqueda de obetos y bonus alargan la vida del juego, el multijugador también es agradable pero el conjunto resulta demasiado ligero para nuestro gusto.


Valoración General: 60/100

Inspirado en un largometraje que parece poco propicio a una adaptación en videojuego, WALL-E no tiene la pretensión de convertirse en un hit de la historia del entretenimiento electrónico pero se deja jugar. Los que esperaban algo de innovación en la jugabilidad o en el control del juego no encontrarán nada nuevo. Sin embargo, hay que reconocer que la secuencia eficaz de las distintas fases de juego incita a terminar la aventura. Una pena que sea tan corta y convenida.

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