La suave caricia de una cuchilla oculta en el hueco de la manga, un par de segundos y el calor de la sangre de la víctima llega a nosotros. Un bufido y sucumbe entre el griterío de la gente… Prepararos, porque meses después de su aparición en las tiendas por fin hemos tenido de probarlo en Gameover (cosas de ser pobres).
Hay videojuegos que generan una expectación dolorosa, las primeras imágenes de Assassin’s Creed hablaban por sí solas. No vamos a desvelar mucho de la trama y de las diferentes situaciones que el título de Ubisoft propone, de momento, tendréis que conformaros con saber que controlaremos a Altaïr, miembro del clan de los Asesinos, un grupúsculo preocupado por poner fin a la Tercera Cruzada. Castigado por su arrogancia, Altaïr va a tener que sufrir una serie de pruebas para recuperar su honor y su título de Maestro Asesino: nueve pruebas, nueve objetivos que nos llevarán de Damasco a Acre pasando por Jerusalén, tres ciudades magníficamente recreadas en el videojuego.
Altaïr se desplaza con tal facilidad que nos hace dudar que el Prince of Persia (una parte del equipo de desarrollo es responsable de la realización de tan mítico juego) no fuera un antepasado con artrosis. La fluidez de movimientos es lo primero que llama la atención. Nuestro querido asesino sube y salta con una destreza propia de un felino. Mejor que la sensación de fluidez es el control intuitivo que ejercemos sobre el personaje, pulsando dos botones Altair se engancha a la pared, se suspende en el aire y salta sobre cualquier trozo de madera del decorado. El menor recoveco de una pared sirve para trepar, solamente las paredes lisas le suponen un obstáculo.
¿Sirve para algo tanta agilidad? Pues para mucho. Al circular libremente por la ciudad debemos observar ciertas normas: si corres llamas la atención, si golpeas a la gente también. Dad una vuelta y descubriréis a todos los personajes controlados por la máquina que aparecen en la ciudad. Cuando andes por el techo, no dudes en acabar con la vida de los guardianes de una discreta puñalada antes de que les de tiempo a dar la alarma. Evita empujarles al suelo, salvo que decidas que cunda el pánico entre las personas que hay debajo de ti. Si el enemigo da la alarma tienes que darte prisa en encontrar refugio. Saltar al heno, sentarse junto a dos ancianos en un banco o mezclarse entre un grupo de monjes en plena meditación. Discreción y disimulo son las principales habilidades que necesitas para aprender a jugar contra la inteligencia artificial de Assassin’s Creed.
Una vez lleguemos al lugar apropiado el procedimiento no varia mucho. Las tres ciudades se dividen en tres barrios que implican un gran número de calles, campanarios y altillos que se revelan como puntos de información sobre los que fijar nuestro mapa y empezar las investigaciones preliminares. Roba un mapa, consigue información privilegiada, fija tu objetivo, piensa en como atacarlo. Cuantas más misiones hayamos completado más sencillo nos resultará abordar el juego. Paciencia y tiempo, la otras dos claves del juego.
Una vez realizado el plan podremos lanzarnos a la secuencia del asesinato. Antes de actuar es necesario limpiar los altos de arqueros que obstaculizarían nuestra fuga, neutralizar a los guardias y no descuidarse de ayudar a los ciudadanos acosados por los Cruzados o las fuerzas del orden locales. De esta manera nos ayudarán en el momento de huir, nos esconderán entre ellos o nos contarán que el guarda suele dejar su puesto. Cada vida robada se corresponde con una escena de confesión en el que el mundo de nuestro personaje cobra sentido. Los asesinatos presentan una puesta en escena de un dramatismo espectacular que consiguen darle una fuerza narrativa al juego muy interesante.
Tras acabar con la vida de nuestro enemigo lo siguiente que tenemos que hacer es huir. Es mejor haber preparado bien el terreno para huir rápidamente mientras que la ciudad se pone en alerta. A pesar de todo resultará difícil evitar la confrontación.
Además de la “cuchilla secreta” que se puede emplear para acabar con un objetivo que no presta atención, Altaïr maneja la espada o la daga. Basado en la sincronización, el sistema de combate se basa mucho en la observación. Si un adversario se lanza contra nosotros un contraataque en el momento oportuno acabará con su vida antes de que nos roce. Un paso adelante y un botón; y el guardia cae desplomado al suelo. Simple, pero efectivo, sobre todo para un videojuego que no hace especial hincapié en los combates. Por cierto, que es mejor evitarlos.
Con paciencia tendremos bien preparado nuestro asesinato, pero cuidado porque el menor error dará lugar al caos. La carrera por calles abarrotadas de Jerusalén, Acre o Damasco están llenos de soldados, monjes, ladrones y mendigos que nos impedirán avanzar. Evita chocar con la gente, o mejor aún, ve por el aire para no armar escándalo. Asesinar a cuchilla a un templario es una excelente manera de divertirse. La inteligencia artificial de los enemigos presenta algunos altibajos en Assassin’s Creed.
Las reacciones del enemigo varían y lo que parece no molestar a nadie se convierte en una faena cuando nos toca asesinar a cinco objetivos secundarios para un soplón en un tiempo limitado, en medio de una tropa de mendigos que pueden alertar a los otros si la cosa no sale bien. A veces es preferible morir y cargar desde el último checkpoint para buscar tranquilamente un buen refugio. Aunque cada secuencia de asesinato es original, el proceso a seguir lleva asociadas las mismas tareas todas y cada una de las veces: encontrar puntos desde los que investigar para luego efectuar una investigación en condiciones.
De todas formas, Assassin’s Creed forma parte de esos títulos a los cuales se llega a perdonar casi todo. Porque es una experiencia poco común, de dimensiones épicas, porque tiene un estilo propio y porque es tan adictivo como algunas drogas.
Gráficos: 85/100
Cada una de las tres ciudades ofrece una arquitectura particular y una infinidad de detalles que otorga al conjunto una identidad propia, al límite de mostrar la vida en una ciudad en la Edad Media. En cuanto a la animación de Altaïr, se adapta perfectamente al escenario. A pesar de todo hay algunos bugs que tienen que ver con colisión de objetos. La fluidez es importante. Mucho mejor la versión de Xbox 360 que la de Ps3.
Sonido: 90/100
Assassin’s Creed disfruta de unos temas grandiosos y de músicas ambientales mucho más discretas. Las ciudades está arropadas por gran cantidad de efectos sonoros: gritos de mercaderes y cantos religiosos.
Jugabilidad: 85/100
Una vez más, Ubi Montreal nos da una clase magistral sobre como controlar personajes. Dirigir a Altaïr no es sólo muy simple, es un auténtico placer. Una pena que pasado un tiempo resulte demasiado redundante.
Duración: 85/100
Depende mucho del enfoque que le demos al juego. Haciendo lo mínimo tenemos por delante quince horas de juego para acabarlo; y entre veinticinco y treinta y cinco para cumplir todas las búsquedas.
Valoración General: 90/100
Demasiado repetitivo en su desarrollo, proporcionando mapas poco entendibles a veces, con fases muy complicadas y una IA un poco guerrera por momentos podemos decir que Assassin’ s Creed no es el videojuego perfecto. Espléndido, épico, muy inmersivo, dotado de una calidad técnica espectacular y de una originalidad infrecuente en los tiempos que corren, no me puedo atrever a ponerle peor nota. Un juegazo y punto.

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