Sam Fisher intentó volver a ser un hombre común. Después de haber brindado tantos años de servicio a Third Echelon (organización del cual era un fiel recluta al servicio de la paz mundial), nuestro hombre se entregó a la vida normal, a la luz del día sin temor a que lo capturen, en fin a disfrutar el día a día luego de dos años de su último paquete de misiones (que en su vida pueden titularse como Splinter Cell: Doble Agent).
Como todo sabemos son las mujeres las que nos arruinan la vida (salvo mi mamá que es un ángel): su ex compañera de la NSA, Ana Grimsdottir, nos pide una mano para solucionar toda la corrupción que envenenan las oficinas de su antiguo lugar de trabajo, esto preocupa a los peces gordos del lugar quienes por miedo a ser descubiertos por su antiguo agente lo declaran como uno de los delincuentes más buscados del país capaz de poner en riesgo la seguridad nacional, o en otras palabras, Sam Fisher está liquidadísimo. La NSA y la policía lo buscan para borrarlo del mapa y nuestro héroe no tiene ni las comunicaciones, ni los contactos, ni las armas, ni toda la tecnología detectivesca (al mejor estilo Inspector Gadget) para zafar. O sea que está más solo que Adán el día de la madre.

Motivado únicamente por el instinto humano de supervivencia, Sam Fisher centrará sus habilidades en el arte del escape, no sólo en la oportuna utilización de las luces y las sombras (quizás el motor de evasión más importante en las cuatro anteriores versiones de Splinter Cell), sino también en la infiltración entre las multitudes contenedoras de otros simples mortales (otro tipos, bah…), para mezclarse, para ser uno más, para no ser nadie (N. del R.: Un final de párrafo telenovelesco, sin duda).
Cargado de escenarios a plena luz del día, abiertos, con gente, Sam deberá buscar el mejor escondite a la hora de escapar (a toda hora) únicamente con dos claros objetivos a lo largo de los 15 niveles de aproximadamente una hora que componen la historia del juego: la búsqueda de la verdad y la demostración de nuestra inocencia. Para eso tendremos que escondernos mucho, matar algunos tipos y engañar a otros tantos.

El arte del escape
Lo que siempre hizo tan atractivo al Splinter Cell en cualquiera de sus versiones era este requerimiento que el juego pretendía hacer y lograba de quienes lo jugaban: el poder de la concentración y la táctica. Aquí es donde se encuentra la mayor diferencia con su mellizo arcade, el Metal Gear Solid. Digo “mellizo arcade” porque si bien este título es verdaderamente atractivo, no tiene el condimento humano que sí tienen las aventuras de nuestro amigo Fisher. Con Solid Snake debíamos esperar el momento oportuno para que un guardia no nos viera y así cruzar una calle por ejemplo, pero siempre quedaba esa sensación de estar jugando al Frogger por ser siempre un mismo recorrido que, si bien simulaba ser aleatorio, se sucedía una y otra vez, dándonos la pauta de que solamente debíamos esperar el momento oportuno. El guardia daba una vuelta por aquí, luego por allí, y sabíamos que cuando llegaba a una determinada distancia nosotros podíamos salir de nuestro escondite y correr hasta nuestro objetivo. El Splinter Cell a tomado otras variantes que le dieron siempre una mayor cuota de realismo y complejidad: debíamos evitar hacer el suficiente ruido para delatarnos, o hacer uso de las sombras para mezclarnos con la oscuridad, incluso tuvimos alguna vez un medidor de actitudes y mentiras el cual debíamos mantener equilibrado para no levantar sospechas y así podría nombrar muchas más variantes que separa a estos dos títulos del mismo género pero de concepciones distintas. Con esto no se quiere desestimar la calidad de un juego sobre otro, pero sí aclarar que ambos tienen características propias que los alejan del otro. Agradecemos la cuota de adrenalina constante e instantánea de juegos como el Metal Gear (concepto propio de cualquier juego de arcade) y también respetamos y nos ponemos de pie al hablar de las horas, el entrenamiento y la concentración que requieren juegos como el de nuestro amigo Sam Fisher.

Ubisoft promete el Splinter Cell: Conviction para el 24 de Octubre, fecha que se acerca coincidentemente con toda una nueva saga de juegos que prometen brindarle una mayor importancia al contexto en el que se desarrolla la historia. Los elementos que componen el escenario serán sustanciales para el desarrollo del videojuego (como también sucederá en el Alone in the Dark: Centra Park). Habrá que estar atento a la hora del combate cuerpo a cuerpo (modo que predominará en todo el título) ya que lo que este a nuestro alcance podrá ser utilizado para facilitarnos las cosas: cada silla, tacho, mesa, fierro o pedazo de madera tendrá un propio peso específico y un nivel de daño único para nuestro oponente. Esto se verá reflejado en todo el ajuste renovado de la física del juego, que, podrá parecer extraño, pero es uno de los elementos más importantes. Cuanto más real y acertado sea el peso propio de cada elemento del paisaje, mayor será la sensación de veracidad a la hora de jugar. Para esto no tienen más que comparar un Winning Eleven y un FIFA para darse cuenta que los títulos donde los jugadores y la pelota simulan precisamente su peso real son los mejores de cada serie, ese es el verdadero secreto de un buen juego de deportes.
Utilizando un recurso extremadamente similar de su primo hermano el Assasin´s Creed, también los ambientes podrán ser utilizados como escondites. Quizás alguien pueda sentirse ofendido por la repetición de este recurso, pero… ¿Qué tiene de malo tomar un elemento acertado de un juego increíble? ¿Acaso no debemos aprender de quienes logran mejores cosas que nosotros?

Obviamente los recursos técnicos será espectaculares, los ambientes tendrán un juego de luces, sobras y reflejos impecablemente logrados, los modelados de los personajes y de los escenarios se ven súper realistas y todo esto (se rumorea) por la módica suma de una PC sin mayor requerimiento de hardware (ojalá que así sea).
Habiendo molestado una vez más a nuestro amigo Sam Fisher, que simplemente pretendía descansar de tanto tipos muerto que tenía en su haber, de tantas organizaciones desbaratas y de haber salvado al mundo tantas veces (mientras vos tomabas un café sin siquiera imaginarte que tu vida corría peligro), Splinter Cell: Conviction nos hará sentar frente a la pantalla durante un rato largo, únicamente con nuestra arma más peligrosa: nuestro cerebro.
Me encantaría seguir pero hay dos policías que se están acercado a mí. Voy a terminar esta nota y a perderme entre la multitud. Ustedes sabrán disculpar, tengo muchas vidas que salvar… sobretodo la mía.

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