
Call of Duty Modern Warfare 2
Es ya sabido a estas alturas que la última encarnación de Call of Duty es una de las experiencias interactivas más intensas y gratificantes de los últimos meses, o incluso años. Un auténtico imprescindible a pesar de polémicas premeditadas o no.
El problema que podemos encontrar en Modern Warfare 2 es, precisamente, inherente a lo trepidante de la acción que vertebra su historia. La narrativa es caótica y confusa (por no hablar de la efectista incoherencia que supone que se nos permita ver por los ojos de un muerto que es arrojado a una fosa común). Un nimio detalle que de repente llama la atención en un lugar del mundo puede desencadenar un huracán en sus antípodas. Los acontecimientos sacuden al aturdido jugador de la misma manera que las balas emborronan de sangre su visión una vez tras otra. No existe la empatía jugador/avatar porque al igual que cambiamos cada dos por tres de lugar y acción lo hacemos igualmente de personaje. No hay tiempo para la conexión, para entender una motivación que nos empuje hacia adelante. Más bien esa motivación viene dada directamente por el espíritu de supervivencia, porque más vale que uno se ponga a correr en cuanto presiona Start si no quiere acabar fiambre al segundo siguiente.
Resulta paradójico que tal despropósito narrativo termine siendo la mejor forma de transmitir la sensación de que el mundo se va al garete de forma irremediable. Cuando salimos de unos túneles y encontramos ante nosotros un Washington en pleno acto de devastación, con un score lento y dramático que parece ignorar el estruendo que nos rodea para centrarse en la tragedia subyacente, todo encaja al milímetro.
Para que la experiencia sea plena debemos vivirla en soledad. Es acongojante tener como único compañero a nuestros pensamientos. Poder transmitir esas sensaciones en el momento de vivirlas amortiguaría la angustia. El caos es menos caos si tenemos un asidero.
De la misma manera, y una vez ha dejado atrás los rígidos raíles de la corta historia principal, el juego alcanza la absoluta maestría en el multijugador. Es ese el momento de vivir experiencias totalmente distintas pero igualmente gratificantes. Resulta sorprendente el nivel de perfección al que ha llegado Ininity Ward en este aspecto (aunque se halla castigado de forma absurda al imprescindible jugador de PC).
Modern Warfare 2 es una obra adulta y madura realizada sin cortapisas morales. Los hallazgos de la sorprendente primera parte han sido pulidos al máximo y se me antoja complicado imaginar un cierre como trilogía que mantenga la tendencia ascendente. No es de extrañar que por el momento Infinity Ward haya preferido tomarse un respiro y centrar sus miras en otro proyecto. Mientras, esperaremos ansiosos que, de nuevo, un batir de alas en sus oficinas cree un huracan en el salón de nuestras casas.
Modern Warfare 2, sin duda la mejor película de acción del 2009

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