Hace 700 años, los humanos abandonaron la Tierra, cubierta de desperdicios, dejando a un pequeño robot el cuidado de limpiarla. Wall-E, es su nombre, que significa “Waste Allocation Load Lifter Earth-Class”, se podría tentender como “Compresor de Residuos terretre”. Este pequeño robot oruga es un prodigio de tecnología completamente autónomo, capaz recoger la basura y condensarla para formar cubos fácilmente apilables. Esta capacidad es el centro de la jugabilidad de la versión para Nintendo DS de Wall-E. Los cubos que vamos a generar servirán para activar todo tipo de interruptores, el principio de este videojuego que consiste en solucionar rompecabezas y abrir la siguiente puerta.
Lleno de puentes y precipicios, con suelos móviles y con pistones, con túneles aerodinámicos y con presas láser, y también con algunos enemigos (remolinos, robots…), las distintas pantallas ponen a prueba tanto nuestra capacidad de reflexión como nuestra destreza. A veces podemos activar los interruptores directamente lanzando un cubo hacia arriba, pero la mayor parte del tiempo será necesario sacar partido de los escenarios para llegar a alcanzarlos. Los cuadros contienen distintos distribuidores de cubos de los cuales es posible servirse libremente. Los cubos repulsivos rechazan todo lo que los rodea, los cubos magnéticos hacen exactamente lo contrario y los cubos electromagnéticos desactivan momentaneamente a los robots enemigos. WALL-E puede también utilizar los efectos de los dos primeros para alcanzar zonas aparentemente inaccesibles. Resumidamente, el ingenio es lo que hace falta para ver el final de este videojuego. La mecánica de juego repetitiva hace que se tienda a reproducir las mismas series de acciones para ir pasando las distintas pantallas. Y a pesar de la integración regular nuevos elementos dispuestos a enriquecer la jugabilidad, el problema se mantiene, parcialmente debido a la ausencia de una dificultad progresiva.
Seguramente conscientes del problema, los desarrolladores integraron de vez en cuando pequeñas fases de carreras que aportan un poco de variedad. Hay una EVE, el robot del que Wall-E cae perdidamente enamorado a partir de su primer encuentro. Desgraciadamente, estos circuitos simplistas consisten en ir por un túnel evitando los obstáculos que se presentan. El juego resulta finalmente demasiado soso.
Helixe persiste en el estilo gráfico dibujo animado discutible ya adoptado en Ratatoille, que se adapta aquí a unos entornos 3D minimalistas y demasiado cúbicos, previsto de texturas sin resplandor. Incluso la cinemática no termina de llamar la atención. La ausencia de música tiene también su parte de responsabilidad en el aspecto poco atractivo de WALL-E, que parecía con todo destinado a un público muy joven.
El hecho es que, cuando se observa de cerca, el aspecto técnico del juego sufre de lagunas redhibitorias para un público de niños, sobre todo en términos de jugabilidad. Comenzando por una gestión de la cámara enteramente manual durante las fases de puzzles: la lentitud de rotación concede la precisión requerida para lanzar los cubos, pero como contrapartida irrita demasiado, sobre todo en las secuencias que hay que terminar en un tiempo límite. Más grave, los desplazamientos practican tolerancia cero: si nuestro pequeño robot se aventura a poner un centímetro de su oruga en el vacío caerá. El juego compensa su falta de desafío por una dificultad artificial, fuente de crispación. Afortunadamente, disponemos de varias vidas para concluir la aventura así como de un sistema de protecciones automáticas. Otro elemento en contra relativo al juego es que subexplota las posibilidades táctiles y la doble-pantalla de la Nintendo DS, tanto que el juego habría podido salir en GBA. El balance es poco glorioso. En resumen, WALL-E para Nintendo DS no es más que una adaptación muy decepcionante.
Gráficos: 35/100
La realización gráfica es decepcionante. A pesar del estilo adoptado dibujo animado, 3D es de una pobreza que dan ganas de llorar. Y a pesar de su debilidad técnica, el motor del juego causa desagradables “parones” en las pantallas más grandes.
Sonido: 25/100
Los efectos sonoros son correctos en general, y aunque raras, las voces de WALL-E y su chica están bien realizadas. Desgraciadamente, el juego sufre de la ausencia casi total (e inexplicable) de música, tanto durante las fases de puzzles como en las carreras.
Jugabilidad: 35/100
Los controles de juego implican la cruceta direccional y los botones, dejando sin uso a las funcionalidades táctiles de la DS (las funciones propuestas sobre la pantalla táctil no son más que sustitutos inútiles). La gestión de la cámara con los gatillos da sensación de pesadez a lo largo de las partidas.
Duración: 35/100
Tenemos por delante entre cinco y seis horas de juego muy redundantes debido a un principio jugable central que no evoluciona lo suficiente. Se echa en falta también que la dificultad no sea gradual (los niveles avanzados parecen incluso más simples que los primeros) y que del desafío ofrecido sea un tanto artificial.
Valoración General: 35/100
A pesar de sus personajes llamativos y de contar con una idea interesante, Wall-E para DS se revela incapaz de seducir al jugador a medio plazo. Sus principales problemas tienen que ver con una jugabilidad repetitiva, una realización decepcionante y unas pruebas que de lo pesadas que son terminan convirtiendo el título en poco atractivo. Supongo que aún menos para el público joven al que va dirifido. Una auténtica decepción.

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