En 1991, Capcom lanzó al mercado una recreativa que, a pesar de su relativa impopularidad frente a otras franquicias de la misma compañía como Mega Man, Street Fighter o Final Fight, destacó dentro del panorama internacional por su calidad indiscutible y las novedades que presentaba frente a títulos contemporáneos del género de acción. Aún hoy, muchos jugadores asiduos a los salones recreativos de la época recuerdan aquella máquina con especial cariño, tanto en su versión para dos jugadores como en la edición especial para cuatro jugadores simultáneos, convirtiéndose así en la primera recreativa de Capcom que contaba con estas características, pero no en la única, ya que otras compañías (como, por ejemplo, Konami) habían sacado al mercado mucho antes recreativas que permitían jugar hasta a cuatro jugadores a la vez.
Captain Commando, de hecho, fue durante los primeros años de existencia de Capcom la mascota de la compañía, hasta ser sustituido como tal, finalmente, por el héroe cibernético Mega Man, dada su enorme popularidad entre el público. Como curiosidad, podemos señalar que el nombre del personaje proviene de las dos sílabas que forman el nombre de la compañía, convirtiendo así Cap y Com en la raíz de Captain Commando. El personaje en sí, además, es un homenaje de la compañía a los héroes de cómic americano, así como a las historietas de ciencia ficción dibujadas por autores norteamericanos como Frank R. Paul.
En la recreativa, contaremos con cuatro personajes para seleccionar: el propio Captain Commando, quien propinaba fuertes golpes y realizaba un golpe especial tirando rayos eléctricos que daban cuenta de todo bicho viviente que circulara por la pantalla; Mack the Knife, una momia alienígena con un amplio rango de ataque, quien disponía de unos cuchillos envenenados con los que deshacía, literalmente, a sus adversarios; Baby, un bebé superdotado que pilotaba un robot de movimientos muy rápidos; y, finalmente, Ginzu, un ninja que, aparte de seccionar en dos partes a sus enemigos, podía hacer uso de shurikens y otras armas arrojadizas.
El juego tenía una puesta en escena muy buena, dentro de una ciudad apocalíptica situada en el año 2026, y sorprendía por su violencia y por algunos detalles un pelín sangrientos. La ciudad que había que defender era Metro City (ciudad, por otra parte, en la que se desarrollan los sucesos de otra gran recreativa de Capcom: Final Fight), y el enemigo al que, como último objetivo, había que derrotar, era un ente mutante denominado Scumocide, al cual había que ir a buscar nada más y nada menos a una base espacial llamada Callisto, después de haber superado los seis niveles precedentes, los cuales nos llevarán a lugares tan dispares como las calles de la propia ciudad, un museo o un acuario, en los que nos enfrentaremos a una horda de criminales y mutantes dispuestos a hacer lo que sea para impedir nuestro avance.
En Captain Commando podíamos recoger un gran número de armas de nuestros enemigos, así como también podíamos hacer uso de algunos vehículos del juego en forma de robots antropomórficos, los cuales contaban con tres versiones diferentes: una básica, con la que sólo podíamos repartir puñetazos biónicos a diestro y siniestro; y otras dos que disparaban rayos helados y llamaradas de fuego, respectivamente.
Captain Commando es, en definitiva, una recreativa de acción horizontal, en la que nos deberemos de enfrentar a un sinfín de enemigos en el más puro estilo de títulos como Double Dragon o Final Fight, otros dos grandes clásicos del género. Eso sí, las novedades con las que contaba el título y su excelente apartado gráfico, brillante, colorido y con un diseño muy peculiar respecto a lo visto hasta el momento, hicieron de ella una de las recreativas de culto dentro de los salones y, aún hoy, uno de los títulos indispensables de Capcom.
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